Cómo sostener la militancia
Militar cuesta, y cuesta más cuando no hay nada que festejar. Sobre la convicción cuando se apagan las cámaras.
Siempre se habla de la política y su negociado, porque sí, claro que es un negocio la política, están los que ganan y los que pierden, los que dejan su vida entera en ella, los que creen de verdad en ideas y los que se preocupan solamente por mantener su puesto.
Sea por ideas o por mero negocio es importante preguntarse, ¿cómo se sostiene al militante? Porque si bien una persona puede luchar por defender ciertos ideales, participar en un partido político, en charlas, debates, lo que fuera, implica perder tiempo propio para sus cosas, para su vida.
Y la política lleva tiempo, no cualquiera está dispuesto a dedicarle 8 o 10 horas por día a la militancia, y no es porque no le importe tanto sus ideales –aunque deban existir casos que sea así- sino porque hace falta tiempo para hacerse cargo de la vida de uno, más en los tiempos complicados en los que vivimos.
La militancia –verdadera- no genera dinero, ahí no hay un negocio, por eso existe una infinidad de casos donde la gente no lucha por sus ideas porque le es perjudicial económicamente. También existe –en minoría- el militante leal, que por el mero fin de cumplir sus ideales está dispuesto a gastar tiempo de su vida en esa lucha.
Se ha generado entonces una estructura que sirve para mantener la militancia, que no es más ni menos que hacer un negocio de la propia militancia, cobrar por militar. Empresas y los propios políticos ponen de su sueldo para mantener un moderado caudal en la militancia.
¿Esto está mal? En absoluto, resulta totalmente lógico que, al no existir gente que “trabaje gratis” en la militancia, esta deba percibir una remuneración a cambio del tiempo invertido en esa actividad.
¿Dónde podemos encontrar el problema? Cuando los fondos que se usen de esa militancia provenga de algo que nos pertencezca a todos, es decir, del Estado. Porque buscar votos también es una manera de juntar militantes, gente que defienda a tu partido político. Salir a hacer populismo creando oficinas o secretarías innecesarias para inventar puestos de trabajo, salir a regalar planes sociales aprovechándose del encarecimiento de las familias que los reciben, son formas totalmente inmorales de crear un grupo de “militancia”.
Es una ligera línea que no se puede confundir, la militancia a cambio de trabajo honesto es lógica, la militancia no genera dinero per se, necesita de una financiación externa para sostener a cada militante y eso en absoluto está mal.
Por eso es tan difícil para la gente común, que no participa en la política, querer inmiscuirse en ella, tener que dejar tiempo de trabajo de lado para poder defender sus ideas. Por el otro lado resulta más fácil, aquel partido que ya tiene su estructura de militancia armada y sus fuentes de financiación aseguradas, no le es complejo sumar militantes.
Todo esto genera un ambiente de deshonestidad en algo tan interesante como es la política, ¿militás para defender tus ideas o tu puesto de trabajo?, ¿los votás porque creés en ellos o porque te facilitaron un plan social? Son preguntas que debemos hacernos, porque el negocio de la política existe, desde hace años.